El Congreso podría quedar muy desbalanceado, con una oposición debilitada y un bloque de izquierda dispuesto a llenar cada espacio vacío.
Colombia está concentrada en la carrera presidencial de 2026, pero la verdadera batalla –la que definirá la gobernabilidad del próximo cuatrienio– será en el Congreso. Y hoy, por primera vez en años, la mayoría de partidos tradicionales está dejando espacios abiertos que podrían ser ocupados por una izquierda disciplinada, cohesionada y con un proyecto claro para ganar más de 25 curules en Senado.
La fiebre presidencialista que contagió a una decena de congresistas está vaciando las listas antes de tiempo. En el Centro Democrático, la fuerza electoral sufrió un golpe severo con la muerte del senador más votado, Miguel Uribe Turbay, mientras figuras clave como María Fernanda Cabal, Paola Holguín y posiblemente Andrés Guerra abandonan la contienda legislativa para perseguir aspiraciones presidenciales. La bancada pierde experiencia, liderazgo y votación en bloque.
El Congreso podría quedar fuertemente desbalanceado, con una oposición debilitada y un bloque de izquierda dispuesto a llenar cada espacio vacío.
Si los partidos del centro y la derecha no frenan la fragmentación y no logran construir la mejor selección posible de congresistas, Colombia perderá el contrapeso institucional que contuvo varias de las reformas más polémicas del gobierno Petro. El Congreso debe volver a ser una junta directiva técnica, seria y respetada, no un escenario de improvisación ni un desfile de egos.
Las legislativas no son secundarias. Son la alerta más grande del 2026.