Saltar al contenido
POLÍTICA

Así ven los colombianos el reto educativo del próximo gobierno

Redacción Acento
Redacción Acento

Encuesta nacional revela las preocupaciones, brechas y expectativas ciudadanas frente a la educación.

La educación ha dejado de ser un tema secundario en la conversación pública. Por primera vez en las cinco ediciones del estudio de opinión de la Fundación Empresarios por la Educación, el sector aparece entre los tres principales problemas del país, junto con la salud y la seguridad.

El sondeo, realizado en alianza con Invamer, encuestó a 1.480 personas mayores de edad, con representatividad nacional por regiones, zonas rurales y urbanas, y especial atención a jóvenes entre 18 y 28 años. Sus resultados ofrecen un retrato fiel de cómo los colombianos perciben la educación y qué esperan del próximo gobierno.

Uno de los principales hallazgos es el consenso sobre la calidad educativa. Casi el 30% de los encuestados señala la calidad de los aprendizajes y las metodologías de enseñanza como la mayor preocupación. En segundo lugar, un 23% pide profesores mejor formados, más motivados y con herramientas actualizadas.

La encuesta revela, además, una brecha persistente entre el discurso tecnológico y la realidad. Aunque las habilidades digitales y el uso de la inteligencia artificial figuran como prioridades para el futuro, el 39,4% de las sedes educativas del país aún no tiene conexión a internet. En muchas zonas rurales, ni siquiera la electricidad está garantizada.

Esta contradicción expone una paradoja del sistema educativo: mientras el país aspira a enseñar programación e inteligencia artificial, aún no ha garantizado que todos los niños aprendan lectura, matemáticas o ciencias con condiciones básicas de infraestructura y conectividad.

Los resultados también reflejan una valoración desigual hacia el magisterio. En 2024, más del 90% de los docentes públicos consultados afirmaban sentirse reconocidos por sus comunidades. Sin embargo, en la edición actual, solo el 40% de los ciudadanos considera que la profesión docente es realmente valorada, especialmente en regiones apartadas.

Para los investigadores, esta diferencia responde a una percepción pública marcada por el pesimismo. Aunque los maestros reconocen sus beneficios y estabilidad laboral, la ciudadanía tiende a asociar la docencia con bajos salarios y condiciones precarias, lo que refuerza la necesidad de resignificar la profesión.

DESERCIÓN EDUCATIVA

El estudio también explora los factores que explican la deserción educativa. La falta de recursos económicos continúa siendo la principal causa, mencionada por seis de cada diez jóvenes. Le siguen el bajo rendimiento académico y la pérdida de motivación, indicadores que evidencian el vínculo entre desigualdad, calidad y permanencia en el sistema.

Otra alerta se relaciona con los aprendizajes en inglés. Pese a que la enseñanza de una segunda lengua es vista como clave para la empleabilidad, los datos de las pruebas Saber 11 muestran que más del 60% de los bachilleres se mantiene en los dos niveles más bajos de dominio del idioma, una tendencia estable en los últimos ocho años.

La encuesta sugiere que el país sigue anclado en los estándares básicos de competencia definidos en 2007, sin revisar si esos lineamientos siguen respondiendo a los retos actuales. Lectura, matemáticas y ciencias siguen siendo los pilares, pero la transición hacia habilidades del siglo XXI –como pensamiento crítico, comunicación o liderazgo– avanza lentamente.

Entre las respuestas más destacadas, los ciudadanos identificaron las habilidades digitales, la inteligencia artificial y las competencias socioemocionales como esenciales para preparar a los jóvenes para el futuro. Creatividad, trabajo en equipo y pensamiento crítico son las más valoradas, junto con el uso de tecnologías.

CAMBIO DE PRIORIDAD

Un hallazgo alentador es el cambio de prioridades en las generaciones más jóvenes. Para los encuestados entre 18 y 28 años, la educación ocupa el segundo lugar entre los temas que más preocupan, solo detrás de la salud. La seguridad, históricamente dominante, pasa a un tercer plano en este grupo.

Esa percepción convierte a la educación en una demanda generacional y política. La Fundación Empresarios por la Educación espera que los resultados sirvan como insumo para la formulación de programas de gobierno y políticas públicas durante la próxima administración.

De hecho, esta encuesta busca ser un “mapa de ruta” para orientar decisiones y recursos. En su sitio web, la Fundación publicará un apartado con las recomendaciones ciudadanas sobre qué debería priorizar el próximo gobierno: desde fortalecer la formación docente hasta garantizar conectividad total y modernizar los contenidos curriculares.

Los autores recuerdan que, en 2022, su libro Repensar la educación sirvió de referencia para varios candidatos presidenciales. La aspiración es que esta nueva edición vuelva a ser un punto de partida para discutir el modelo educativo del país con base en evidencia y no solo en promesas.

El estudio incluye un dato simbólico: cuando se preguntó si debía priorizarse el derecho a la educación o el derecho a la protesta, el 93% eligió la educación. Ese consenso, dicen los investigadores, refleja una conciencia creciente de que el desarrollo nacional no depende solo de recursos o infraestructura, sino del aprendizaje y la equidad.

Así, los colombianos envían un mensaje claro al futuro gobierno: la educación debe dejar de ser una promesa y convertirse en una prioridad real. Porque, más allá de las cifras, lo que está en juego no es solo el futuro de los estudiantes, sino el rumbo del país.

 

 

Compartir esta publicación