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Choque de egos y poder sacude a conservadores y uribistas

Escrito por Redacción Acento | Nov 15, 2025 8:37:16 PM

Las pugnas por el poder destapan fracturas profundas en el uribismo y el conservatismo, quienes pierden cohesión y rumbo.

A poco más de un año de las elecciones presidenciales, los partidos Conservador y Centro Democrático atraviesan turbulencias internas que ponen en evidencia la falta de cohesión dentro de la derecha colombiana. Las pugnas por la selección de sus candidatos han expuesto viejas fracturas y nuevas tensiones ideológicas.

En el Partido Conservador, la disputa se centra entre quienes defienden la tradición histórica del movimiento y los que buscan abrirles paso a nuevos liderazgos. La controversia escaló cuando el senador y precandidato Efraín Cepeda denunció presiones externas que, según él, buscan “torpedear” el proceso interno y entregar el partido a intereses ajenos.

Cepeda, una de las figuras más reconocidas del conservatismo, envió una carta al Directorio Nacional presidido por Nadia Blel Scaff, en la que advierte que “fuerzas petristas” estarían intentando influir en la selección del candidato. El senador considera que esa interferencia amenaza la independencia ideológica del partido y su vocación de poder.


El detonante fue la solicitud de doce de los veinte miembros del Directorio Nacional para ampliar el plazo de inscripción de precandidatos, que vencía el 10 de noviembre. Según Cepeda, esa maniobra busca favorecer al excontralor Carlos Felipe Córdoba, quien ha manifestado su interés en competir, aunque no está inscrito como militante conservador.

El expresidente del Congreso afirmó que el conservatismo “atraviesa una coyuntura preocupante”, asediado por presiones “impresentables” que buscan dividirlo o someterlo a intereses ajenos. Cepeda sostiene que el partido no puede convertirse en “moneda de cambio” ni ceder su destino a quienes no representen sus principios fundacionales.

La reacción del Directorio Nacional no se hizo esperar. En un comunicado, la dirección conservadora garantizó transparencia y “plenas garantías” a todos los precandidatos, al tiempo que pidió prudencia para evitar dañar la reputación del partido. Además, recordó que cualquier decisión sobre los plazos corresponde al Directorio como órgano autónomo.

Sin embargo, el mensaje no disipó las tensiones. Dentro del conservatismo es conocido el peso político del senador Carlos Andrés Trujillo, quien conserva influencia en la bancada y cuenta con al menos seis cuotas en el Directorio. Trujillo, cercano al Gobierno, fue removido de la presidencia del partido en 2023 por el propio Cepeda.

El trasfondo de la disputa va más allá de los nombres y refleja la incertidumbre sobre el rumbo del conservatismo. Mientras una facción apuesta por mantener distancia del Ejecutivo, otra promueve un acercamiento pragmático con el gobierno Petro. Esa dualidad ha dificultado la definición de un liderazgo unificador de cara a 2026.

LA ENCUESTA DE LA DISCORDIA

Una situación similar, aunque con matices distintos, vive el Centro Democrático, partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe. Allí, el punto de quiebre es la encuesta con la que se definirá el aspirante que representará al uribismo en la consulta interpartidista prevista para marzo próximo.

La disputa estalló cuando el precandidato Miguel Uribe Londoño cuestionó la metodología y la empresa encargada del sondeo. La firma Atlas Intel, seleccionada hace un año por los precandidatos Paola Holguín, Andrés Guerra, Paloma Valencia y el propio Uribe, desistió de realizar la encuesta al considerar que no tenía competencia formal para operar en Colombia.

El cambio de firma encendió las alarmas. Según la senadora María Fernanda Cabal, Miguel Uribe Londoño intenta vetar la continuidad de Atlas Intel pese a que fue elegida por consenso. Cabal defendió la trayectoria internacional de la encuestadora, que ha acertado en predicciones electorales en Estados Unidos, Argentina y Colombia.

La senadora aseguró que el proceso había sido “riguroso y transparente” y acusó a su competidor de querer alterar las reglas de juego. “Uribe busca imponer un veto inexistente, filtrar actas reservadas y afirmar tener grabaciones”, señaló Cabal, al destacar que la encuesta incluía modalidades presencial, digital y telefónica, con 13.500 entrevistas.

En un comunicado oficial, el Centro Democrático insistió en que su proceso interno se desarrolla con apego a la ética y la transparencia. “Nuestro compromiso es con una competencia leal y un proceso impecable que refleje la voluntad de la ciudadanía y la unidad del partido”, subrayó la colectividad.

El pronunciamiento buscó enviar un mensaje de control institucional, pero las diferencias internas siguen a flor de piel. La desconfianza entre precandidatos y la ausencia de un árbitro definitivo amenazan con prolongar la incertidumbre sobre quién representará al uribismo en la contienda presidencial de 2026.

Tanto en el uribismo como en el conservatismo, las divisiones giran en torno a la legitimidad de los procesos internos. En ambos casos, los protagonistas apelan al discurso de la transparencia, mientras se acusan mutuamente de actuar con oportunismo o de favorecer intereses contrarios a los principios partidistas.

Las fracturas en las dos principales fuerzas de derecha contrastan con el panorama de la izquierda que, aunque enfrenta sus propias tensiones, ha logrado mantener una estrategia de continuidad alrededor del Gobierno. La falta de cohesión en la oposición podría debilitar su capacidad de construir una alternativa sólida.

De momento, las directivas de ambos partidos confían en resolver sus conflictos antes del cierre de las inscripciones para la consulta interpartidista. Sin embargo, las pugnas actuales anticipan una contienda marcada por la desconfianza y las rivalidades, en la que la unidad será la mayor prueba del bloque opositor.