El 8 de marzo no se elige presidente, pero sí se reparte el poder
Más que votos, las consultas definen control interno, alianzas forzadas y el punto real de partida hacia mayo.
El ocho de marzo no se elige presidente, pero sí jerarquías internas, control partidista y capacidad real de movilización. Las consultas del Pacto Amplio y la Gran Consulta buscan evitar dispersión y definir quién llega con estructura, narrativa y respaldo obligatorio a la presidencial de mayo.
Más que un ejercicio simbólico, las consultas funcionan como un mecanismo de ordenamiento político. En un escenario fragmentado, los partidos apuestan a unificar candidaturas para evitar que la división interna debilite opciones competitivas frente a bloques organizados y con voto disciplinado.
“Las consultas son un mecanismo idóneo de participación política porque permiten un filtro democrático donde la ciudadanía define quiénes son los verdaderos candidatos, más allá de acuerdos de cúpula o decisiones cerradas que erosionan legitimidad y cohesión interna”, explica a Acento Carlos Charry, docente y sociólogo de la Universidad del Rosario.
En la derecha, el impacto del mecanismo ya es visible. Según la encuesta de GAD3 publicada por RCN Noticias, Paloma Valencia lidera la intención de voto con un 23%, una ventaja que contrasta con su bajo desempeño previo a la definición de candidato único.
Hasta hace pocos meses, la senadora apenas alcanzaba un dos por ciento. Competía con María Fernanda Cabal y Miguel Uribe Londoño, en una disputa que fragmentó apoyos y frenó su crecimiento hasta que el Centro Democrático cerró filas y ordenó su competencia interna.
“El valor de la consulta no está solo en los votos obtenidos, sino en posicionar liderazgos y debates en la opinión pública, haciendo visibles candidatos y obligando a los partidos a disciplinar respaldos y discursos de cara a la contienda presidencial”, afirma el académico.
Detrás de Valencia aparecen Vicky Dávila y Juan Manuel Galán, ambos con ocho por ciento. Sus cifras reflejan que, sin un proceso consultivo vinculante, las candidaturas alternativas carecen de estructura suficiente para competir con un proyecto ya unificado.
La experiencia reciente de la derecha explica la apuesta por la consulta. La dispersión temprana debilitó opciones presidenciales pasadas, retrasó posicionamientos nacionales y generó fracturas internas que costaron votos en la primera vuelta electoral.
“Las consultas movilizan principalmente al electorado militante y una fracción del voto de opinión, pero no representan todavía el universo completo de votantes que aparece en una elección presidencial general”, asegura Charry.
Revalidando el liderazgo
En la izquierda, el escenario también está marcado por la necesidad de ordenar fuerzas. Iván Cepeda lidera la preferencia con 34%, muy por encima de Roy Barreras, quien apenas alcanza cuatro por ciento en la medición de GAD3.
Cepeda ya ganó una consulta del Pacto Histórico frente a Carolina Corcho, sumando más de 1,5 millones de votos. Ahora busca revalidar ese liderazgo en un Pacto Amplio más diverso y con mayor presión interna por representación y poder político.
“Estos ejercicios permiten medir la base electoral real de cada candidato, valorizarse políticamente y establecer compromisos obligatorios de apoyo, algo clave para llegar fortalecidos y cohesionados a la campaña presidencial”.
En la consulta del Pacto Amplio participan Roy Barreras y Camilo Romero. También se menciona a Daniel Quintero, aunque la Misión de Observación Electoral (MOE) advirtió posibles inhabilidades legales por participaciones previas en otros procesos consultivos.
Las advertencias de la MOE introducen un factor de incertidumbre jurídica que podría redefinir la competencia. La legalidad de las candidaturas se convierte así en un elemento político adicional que puede alterar alianzas y cálculos estratégicos.
“Las consultas no ofrecen una foto definitiva del escenario presidencial, pero sí permiten anticipar tendencias y medir qué liderazgos cuentan con estructuras reales y cuáles dependen solo de coyunturas mediáticas temporales”, señala Charry.
El nivel de participación será leído como un termómetro del voto militante, no como una proyección exacta de la primera vuelta. En mayo entrarán en juego votantes independientes, maquinaria regional y dinámicas territoriales ausentes en marzo.
Sobrevivencia política
Para la derecha, el reto es consolidar una candidatura competitiva sin fisuras. Para la izquierda, revalidar liderazgos sin fracturar alianzas ni desconocer límites legales que puedan deslegitimar el proceso ante la opinión pública.
“Tras las consultas habrá un panorama más claro sobre apoyos reales, aunque el escenario definitivo solo se conocerá semanas antes de la primera vuelta, cuando se cierre el tarjetón y se oficialicen alianzas”, manifiesta el experto.
El ocho de marzo define menos nombres que relaciones de poder. Determina quién controla partidos, impone narrativas y llega a mayo con disciplina interna, un activo decisivo en una contienda presidencial cada vez más anticipada.
Las consultas no eligen presidente, pero sí deciden quién sobrevive políticamente al primer gran filtro electoral y quién queda relegado antes de que empiece realmente la carrera por la Casa de Nariño.
