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EDITORIAL

El dólar, la deuda y la verdad que incomoda

Redacción Acento
Redacción Acento

El país acaba de recibir un baño de realidad. Mientras buena parte del mercado celebraba la apreciación del peso en las últimas semanas, los datos publicados por el Ministerio de Hacienda revelaron que la fortaleza reciente de la moneda no fue producto de mayor confianza en Colombia, ni de un entorno macro más robusto. Fue, simple y llanamente, el 
resultado de una intervención masiva del Estado en el mercado cambiario.

Entre septiembre y octubre, el sector público vendió US$4.200 millones, y las estimaciones más recientes del Banco de Bogotá, que incluyen noviembre, elevan ese número a US$5.300 millones. Una cifra que, por volumen y velocidad, no tiene precedente reciente y que ha distorsionado la lectura real de los fundamentales. El repunte del peso no fue un “voto” del mercado: fue una operación táctica financiada con la monetización de recursos externos.

El problema no es vender dólares. El problema es hacerlo sin claridad estratégica y sin comunicación técnica transparente. Hoy no sabemos si los recursos de la nueva emisión 
de bonos en euros se repatriarán o no; tampoco sabemos cuánto más pretende vender 
el Gobierno, ni bajo qué condiciones. Ese vacío genera ruido, alimenta la especulación y 
vuelve a Colombia un jugador menos predecible en un entorno global que ya carga suficiente incertidumbre.

A esto se suma un mensaje inquietante del Banco de la República: si las presiones inflacionarias persisten, podría revertir algunas de las reducciones de tasas hechas en 2024. Un giro hawkish del Emisor en medio de un Gobierno interviniendo el mercado cambiario crea un cóctel de señales cruzadas que ningún inversionista institucional celebrará.

Colombia necesita política económica, no impulsos. Necesita consistencia, no parches. Y necesita información clara, no interpretaciones fragmentadas. En un país donde cada choque externo se multiplica por tres, la improvisación se paga caro.

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