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POLÍTICA

El efecto Maduro: interrogantes sobre el voto en Colombia

Redacción Acento
Redacción Acento

Analistas ven impacto condicionado en el voto colombiano y explican amenazas de Trump como presión geopolítica, no plan inmediato.

La eventual captura de Nicolás Maduro y las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump contra Colombia abren interrogantes sobre sus efectos en la política interna y el escenario electoral de 2026, marcado por una alta polarización y por la recta final del actual Gobierno.

Analistas consultados por Acento coinciden en que no existe una relación automática entre estos hechos y la intención de voto de los colombianos de cara a las elecciones presidenciales de mayo. Aunque reconocen que el contexto regional puede influir en percepciones, miedos e indignaciones del electorado.

Desde el punto de vista electoral, Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Pares, señala que el impacto dependerá, en buena medida, de cómo actúen los actores políticos internos y de cómo se desarrollen los acontecimientos en las próximas semanas, más que del episodio internacional en sí mismo.

“Colombia no es un país con una tradición de fuerte nacionalismo movilizador. Por ello, un hecho como la captura de Maduro difícilmente se traduciría en un respaldo automático al candidato del Gobierno o a figuras cercanas al oficialismo”, afirma la analista política. 

No obstante, introduce un matiz relevante: ciertas posturas de la oposición, percibidas como favorables a una intervención extranjera o abiertamente hostiles al país, no han sido bien recibidas por amplios sectores políticos, incluso críticos del Ejecutivo.

“Se ha visto a muchos actores defendiendo la institucionalidad y señalando que Colombia es una democracia; lo que podría abrir un espacio para que figuras oficialistas intenten capitalizar un sentimiento de defensa soberana, aunque sea limitado”, expresa Bonilla.

Un impacto electoral condicionado

Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, coincide en que la relación entre la captura de Maduro y la intención de voto en Colombia “no es para nada obvia” y considera arriesgado afirmar que algún candidato gane o pierda apoyo directo por lo ocurrido en Venezuela.

A su juicio, el episodio puede generar reacciones emocionales contrapuestas en la opinión pública. “Miedo y preocupación por las amenazas externas, pero también indignación por una posible violación del derecho internacional y por los señalamientos contra el presidente Gustavo Petro”.

Desde una lectura clásica, Basset explica a Acento, que el miedo y la incertidumbre suelen favorecer a candidatos de derecha, percibidos como más aceptables para Washington y más firmes en materia de seguridad y relaciones exteriores.

Sin embargo, la indignación frente a la presión externa podría producir el efecto contrario y beneficiar a candidaturas cercanas al oficialismo, en la medida en que se presenten como defensoras de la soberanía y del orden democrático.

Para el analista, aún es temprano para determinar cuál de estos efectos será dominante. “Es prematuro corroborar qué sentimiento pesará más en el electorado”, y advierte que el escenario sigue abierto y altamente volátil.

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¿Qué busca Trump con sus amenazas?

Sobre las amenazas de Donald Trump de intervenir en Colombia, Bonilla descarta la existencia de intenciones ocultas y las enmarca en una lógica conocida: la reafirmación de la doctrina Monroe y la primacía de los intereses estadounidenses en el hemisferio.

Según explica, el discurso de Trump responde a una visión según la cual Estados Unidos ha perdido supremacía global en las últimas décadas, en parte por su apego al derecho internacional y al multilateralismo.

Esa percepción, sostiene, lleva a su entorno político a proponer una recuperación del liderazgo estadounidense no a través del “soft power”, como la diplomacia o la cooperación, sino mediante mecanismos más explícitos de presión y presencia militar regional.

En ese marco, Colombia es vista como parte del “patio trasero” de Washington, una lógica similar a la utilizada por Trump en otros escenarios, como Groenlandia, donde reivindica el derecho de decidir quién es un aliado confiable.

Bonilla señala que esa postura implica desconocer principios básicos de la democracia, según los cuales son los pueblos quienes eligen a sus gobiernos, y constituye el núcleo de la amenaza de intervención.

No obstante, aclara que una acción militar directa, como la planteada en Venezuela, sería hoy prácticamente inviable en Colombia, pues requeriría un complejo andamiaje legal y político en Estados Unidos, incluida la aprobación del Congreso.

Basset aporta una lectura más pragmática y considera que las amenazas deben entenderse dentro de las tensiones acumuladas entre Bogotá y Washington a lo largo del último año, sin sobredimensionar su viabilidad real.

Desde un análisis racional, señala que una intervención carecería de sentido cuando el presidente Petro se encuentra en la fase final de su mandato y el país se encamina a elecciones legislativas y presidenciales en pocos meses.

Incluso, advierte, una acción de ese tipo podría resultar contraproducente y alterar la dinámica electoral de manera impredecible, reforzando discursos nacionalistas o de rechazo a la injerencia externa.

“Se trata de Trump”, matiza Basset, al reconocer que siempre existe un margen de imprevisibilidad entre el cálculo racional y las decisiones del mandatario estadounidense, aunque ello no implique un plan inmediato de intervención.

La captura de Maduro como las amenazas de Trump introducen ruido e incertidumbre en el debate político colombiano, pero su traducción en votos dependerá de factores internos y del manejo que hagan los actores locales del contexto internacional.

 

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