Cuando se encarece el empleo formal sin subir productividad, el mercado no “se vuelve más justo”: se vuelve más informal.
Colombia arranca 2026 con una ecuación que suena bien en el discurso —más recargos, más protecciones, más “tiempo de vida”—, pero que, si no viene acompañada de un salto de productividad, puede terminar en lo contrario de lo que promete: menos empleo formal, más informalidad y menor competitividad. La Ley 2466 de 2025 (reforma laboral) ya está en marcha y en 2026 activa escalones clave; en paralelo, avanza la reducción de jornada de la Ley 2101 de 2021, y el salario mínimo para 2026 fue decretado con un aumento cercano al 23%. El debate serio no es “derechos vs. empresarios”. Es si el país puede pagar esta reforma sin romper el mercado laboral.
1) Qué cambia en 2026 con la reforma laboral (Ley 2466 de 2025)
La reforma tiene un corazón simple: el trabajo en ciertos horarios y días se vuelve más caro y se amplían algunas obligaciones/beneficios.
Nada de esto es “malo” por sí mismo. En economías de alta productividad, estos costos se absorben con tecnología, escala y eficiencia. El problema es Colombia: la productividad crece lento y la informalidad es estructural.
2) La otra pinza: jornada laboral más corta (y sin bajar salario)
En 2026 ocurre el tramo decisivo de la reducción de jornada: hasta el 14 de julio, el máximo ordinario es 44 horas, y desde el 15 de julio de 2026 baja a 42 horas. La ley exige mantener el salario. Es decir: menos horas legales, mismo costo base.
De nuevo: esto puede funcionar si la productividad por hora sube. Si no sube, lo que queda es un incremento real del costo por unidad producida.
3) El golpe final: salario mínimo 2026 y el desanclaje con la productividad
El salario mínimo para 2026 quedó en $1.750.905 (más auxilio de transporte para totalizar $2.000.000 en muchos casos) y el aumento fue cercano al 23%, decretado tras fallar la concertación.
Ahora compáralo con el dato técnico clave: el DANE reportó para 2025 (año corrido al III trimestre) una PTF de 0,91%. O sea, la productividad total —la eficiencia real del sistema— no está creciendo ni remotamente al ritmo del salario mínimo.
La OCDE ha sido consistente con Colombia y con la región: cuando el salario mínimo y los costos no salariales son altos frente a la productividad, la formalización se vuelve prohibitiva, especialmente para trabajadores de bajos ingresos y empresas pequeñas. Eso empuja al mercado hacia la informalidad.
4) Y sí: 2026 también viene con 18 festivos
Colombia tendrá 18 festivos en 2026 y, por la Ley Emiliani, muchos se convierten en “puentes”. Eso tiene valor social y económico por turismo, pero también significa más presión sobre sectores que operan en festivos (comercio, vigilancia, logística, salud, entretenimiento): justo donde la reforma encarece dominicales y festivos.
La tesis incómoda
En 2026, Colombia está subiendo el costo del empleo formal por tres vías simultáneas —recargos, jornada y mínimo— sin haber resuelto el problema de productividad e informalidad. Esa combinación no suele producir “más bienestar”; suele producir más informalidad o menos contratación donde el margen es delgado.
Tres escenarios probables (si no hay correctivos)
Implementación responsable, alineada con la OCDE
Si el Gobierno quiere que la reforma sea sostenible, 2026 debería ser el año de un “paquete espejo” pro-productividad y pro-formalidad:
Conclusión
La discusión de 2026 no es si el trabajador merece mejores condiciones: las merece. La discusión es si Colombia está construyendo el camino para financiarlas sin expulsar gente del empleo formal.
En países de la OCDE, la ruta que funciona es clara: primero productividad y formalización barata; luego reducción de jornada y mejores recargos; siempre con reglas que no premien la informalidad.
Colombia está intentando el salto en el orden inverso. Y cuando un país encarece el empleo formal sin subir productividad, el mercado no “se vuelve más justo”: se vuelve más informal.