Estudio del MIT: Uso de la IA nos hace más vagos
La reducción de la actividad neuronal se dio en las zonas cerebrales vinculadas con la memoria, la atención y la toma de decisiones.
¿La IA nos hace más perezosos, más idiotas y más vagos? El estudio dirigido por investigadores del MIT Media Lab dejó al descubierto lo que puede hacer la IA con nuestro cerebro. Esto no es nada alentador.
Los resultados de la investigación titulada: ‘Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task’ (Nuestro cerebro con ChatGPT: Acumulación de deuda cognitiva al usar un asistente de IA para la redacción de ensayos) abrieron el debate y el análisis sobre los efectos cognitivos del uso intensivo de la inteligencia artificial (IA) en la educación y la creatividad humana.
Esta investigación, liderada por Nataliya Kosmyna, analizó a 54 estudiantes universitarios divididos en tres grupos: uno que usó ChatGPT, otro que empleó motores de búsqueda como Google y un tercero que escribió ensayos sin asistencia tecnológica.
Los resultados, medidos a través de electroencefalogramas y evaluaciones lingüísticas, mostraron que quienes dependieron de ChatGPT exhibieron una reducción del 47% en la conectividad neuronal, especialmente en las zonas cerebrales vinculadas con la memoria, la atención y la toma de decisiones.
Esta menor actividad cerebral sugiere una “deuda cognitiva”: la pérdida progresiva de esfuerzo mental y de habilidades cognitivas cuando se delegan tareas intelectuales complejas a una IA.
En contraste, los estudiantes que escribieron sin ayudas tecnológicas mostraron mayor implicación cognitiva y un sentido más fuerte de autoría sobre sus textos.
Mientras que quienes usaron ChatGPT, en cambio, reportaron una sensación de distanciamiento del producto final, describiendo sus ensayos como “robóticos” o “ajenos”.
La investigación también reveló que, tras varias semanas de dependencia, los participantes no recuperaron plenamente su nivel normal de actividad cerebral al dejar de usar la IA, lo que sugiere una adaptación nociva.
Sin embargo, voces críticas como la del doctor Luis Josué Lugo Sánchez, del Laboratorio de Inteligencia Artificial, Sociedad e Interdisciplina (LIASI) de la UNAM, invitan a contextualizar el fenómeno. Según él, el problema no radica únicamente en el uso de ChatGPT, sino en la falta de pedagogías críticas y entornos educativos que promuevan un uso reflexivo de la tecnología.
Desde su perspectiva, la “deuda cognitiva” debe entenderse no como un defecto individual, sino como el síntoma de un sistema educativo que no ha sabido integrar la IA de manera ética, crítica y situada.
El análisis también abre un debate filosófico y político sobre la autoría en tiempos de automatización. ¿A quién pertenece un texto producido con la asistencia de una máquina? Algunos especialistas vinculan este fenómeno con la idea marxista de “alienación”, según la cual el individuo se distancia de su propio trabajo. En este caso, el escritor ya no se siente autor de lo que crea con IA, lo que afecta su identidad cognitiva y su relación con el conocimiento.
Finalmente, desde América Latina se plantea la necesidad de construir una “IA situada, crítica y comunitaria”, que no reproduzca las lógicas extractivistas del Norte Global. La verdadera deuda cognitiva, concluyen los expertos, no está en pensar menos, sino en hacerlo desconectados de nuestro contexto social y cultural.
La IA no necesariamente nos hace más tontos; puede ser una herramienta poderosa si aprendemos a pensar con ella y no por ella.
