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POLÍTICA

La alianza de exgobernadores se desinfla antes de arrancar

Redacción Acento
Redacción Acento

La Fuerza de las Regiones todavía no logra pasar de la foto a la fórmula. Más que un proyecto colectivo, parece un experimento.

La llamada Fuerza de las Regiones, una coalición de exgobernadores que prometía ponerle sabor territorial a la carrera presidencial de 2026, acaba de entrar en su primer bache serio. Todo por algo que parecía menor: el método para elegir al candidato único. Pero como suele pasar en política, los detalles son dinamita.

De un lado está Juan Guillermo Zuluaga, exgobernador del Meta, firme en que hay que cumplir lo acordado: una encuesta con firma internacional y auditoría nacional, realizada entre el 15 de noviembre y el 1 de diciembre. “La palabra se cumple”, repite, advirtiendo que cambiar las reglas ahora pondría en duda la confianza entre ellos.

Del otro lado, Héctor Olimpo Espinosa, exgobernador de Sucre, pide calma. Dice que el movimiento aún no tiene suficiente presencia nacional y que adelantar una encuesta en medio del desconocimiento ciudadano sería un error estratégico. Propone aplazarla hasta enero y, mientras tanto, fortalecer la presencia regional.

Hasta ahí, un debate técnico. Pero, la tensión escaló rápido. En una entrevista conjunta, Olimpo dijo que Zuluaga estaba “ansioso y bravo porque no le gustó la última encuesta”, mientras Zuluaga insinuó que su compañero estaba “metido en la financiación de encuestadores”. Se acusaron, se desmintieron y la grieta quedó abierta.

En medio del fuego cruzado, los otros dos miembros de la coalición (Aníbal Gaviria y Juan Carlos Cárdenas) intentaron bajar la temperatura. Cárdenas, con tono conciliador, pidió no perder de vista el objetivo: consolidar una propuesta regional sólida que no termine repitiendo los errores de las alianzas anteriores.

El episodio dejó al descubierto algo más profundo. La Fuerza de las Regiones todavía no logra pasar de la foto a la fórmula. Por ahora, más que un proyecto colectivo, parece un experimento en el que cada quien marca su ritmo. 

Mientras discuten por fechas y encuestas, otros sectores ya avanzan con maquinaria, alianzas y discursos. 

Si no logran resolver sus diferencias pronto, la coalición que nació para unir a las regiones podría terminar convertida en otro capítulo más del manual de fracturas políticas.

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