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La consulta de la izquierda: un trámite para Cepeda y una señal para 2026

Escrito por Redacción Acento | Jan 11, 2026 10:27:14 AM

La encuesta AtlasIntel para Semana no solo midió intención de voto presidencial. También puso números a las dos consultas interpartidistas del 8 de marzo. Y en la de la izquierda —el llamado Pacto Amplio, que agrupa a los candidatos del petrismo— el resultado es, en la práctica, una fotografía de control interno: Iván Cepeda “arrasaría” con 92,3% entre quienes dicen que votarían en esa consulta. Detrás aparecen Camilo Romero (3,3%), Roy Barreras (1,4%) y Daniel Quintero (0,9%).

Ese dato, por sí solo, ya dice mucho: la consulta de la izquierda no está funcionando como competencia real entre liderazgos, sino como mecanismo de ratificación. Cuando un aspirante supera el 90% dentro de su bloque, el incentivo de campaña cambia: se pasa de convencer al propio electorado a administrar el “derecho de paso” hacia la primera vuelta.

 

Pero el dato decisivo no es solo quién gana. Es cuánta gente dice que participará. Según la encuesta, el 29,8% de los consultados manifestó intención de votar en la consulta del Pacto Amplio (1.345 personas de 4.520).   En el universo de las consultas interpartidistas, la medición advierte un margen de error de ±3%.

 

Ese 29,8% es una señal relevante por dos razones.

 

Primero, porque sugiere que la izquierda tiene —al menos hoy— una base potencial de participación más alta que la consulta del centro-derecha (18,7% en el mismo estudio). No implica que esa participación se materialice, pero sí indica algo clave: el petrismo conserva capacidad de movilizacióncuando hay un mecanismo claro y una identidad de bloque.

 

Segundo, porque el “arrase” de Cepeda puede ser leído como síntoma de centralización. En términos políticos, una consulta sin disputa interna reduce costos y evita fracturas, pero también elimina el efecto de expansión que producen las contiendas competidas: menos debate, menos renovación, menos crecimiento por contraste. Si la consulta se vuelve un trámite, el bloque gana orden, pero puede perder oxígeno.

 

Ahora bien, Cepeda no llega a este escenario solo como “candidato del bloque”. En los escenarios generales, el propio análisis de Acento muestra que mantiene un desempeño consistente en primera vuelta: se ubica segundo y con diferencias cortas frente al puntero, aunque todavía sin señales de mayoría.   Es decir: su base es sólida. El reto es el mismo que enfrenta cualquier candidato con núcleo ideológico fuerte: cómo crecer sin aumentar el rechazo.

 

Ahí entra la segunda vuelta como termómetro. El estudio citado en la edición muestra tres cosas: (1) Cepeda pierde con margen amplio frente a Abelardo de la Espriella; (2) se mantiene competitivo en otros duelos; y (3) hay un volumen importante de indecisos/voto en blanco que puede mover el resultado. En un duelo De la Espriella–Cepeda, la medición marca 44,2% vs 34,9%.   Frente a Paloma Valencia, la diferencia es corta: 38,2% vs 35,8%.

 

Esto conecta con la consulta. Si el Pacto Amplio llega a marzo con un candidato prácticamente ungido, el trabajo estratégico no es “ganar la consulta”. Es usarla como máquina de legitimidad y movilización para reducir dos riesgos: el de techo electoral (quedarse encerrado en su base) y el de rechazo en segunda vuelta.

 

En resumen, la encuesta dibuja una consulta de izquierda con alta participación potencial y un ganador casi sin competencia interna. Eso ordena, pero también revela un bloque que, hoy, apuesta por cohesión más que por renovación. Cepeda entra a 2026 con control del petrismo. La pregunta —la única que importa después de marzo— es si puede convertir ese control en una coalición mayoritaria, o si la consulta solo confirmará lo que ya muestra el país: que la elección se definirá menos por el tamaño de la base y más por la capacidad de sumar y disminuir rechazos.