La derecha amplía su coalición y apuesta todo a la Gran Consulta
La unidad de la derecha empieza a tomar forma electoral con la adhesión de Paloma Valencia. Se está a la espera de Juan Carlos Pinzón y Enrique Peñalosa.
La centro-derecha colombiana entró en una fase definitiva de reacomodo político de cara a las elecciones presidenciales de 2026. En cuestión de días, el proceso de construcción de una consulta interpartidista para el 8 de marzo pasó de ser una apuesta exploratoria a perfilarse como el principal mecanismo de ordenamiento del sector para llegar con un candidato único a la primera vuelta.
El anuncio más relevante fue la confirmación de la senadora Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, en la Gran Consulta por Colombia. Su decisión no solo amplía el espectro político de la coalición, sino que introduce de manera formal al uribismo en un escenario de competencia interna regulada, algo que durante años fue visto con reservas en ese partido.
Valencia se suma así a un grupo que ya había anunciado un acuerdo político básico para acudir a la consulta: Vicky Dávila, David Luna, Juan Daniel Oviedo, Mauricio Cárdenas, Aníbal Gaviria y Juan Manuel Galán. A ellos se había unido también el exministro Daniel Palacios, aunque su participación ha sido menos visible en los actos públicos conjuntos.
La entrada de la senadora del Centro Democrático tiene un valor simbólico y estratégico. Por un lado, ratifica que el uribismo entiende la consulta como un mecanismo viable para mantener incidencia en un escenario político fragmentado. Por otro, envía una señal de apertura hacia sectores de centro y de derecha moderada que ven en la unidad, una condición necesaria para competir con opciones de izquierda y populistas en 2026.
El expresidente Álvaro Uribe jugó un papel clave al despejar dudas sobre una eventual fractura interna. En un mensaje público, dejó claro que acataría la decisión de Valencia, ya fuera integrarse a la consulta o ir directamente a la primera vuelta. “De mi parte acataré la decisión final de nuestra candidata (…) a quien apoyaremos con todo el entusiasmo”, afirmó el exmandatario.

Ese respaldo explícito evitó un escenario de doble carril, consulta por un lado y candidatura uribista por otro, que habría debilitado la narrativa de unidad que la coalición intenta construir. En términos políticos, el mensaje de Uribe también refuerza la autonomía de Valencia como figura presidencial y reduce tensiones con otros precandidatos.
Tras la confirmación, los demás aspirantes dieron la bienvenida a Valencia mediante una declaración conjunta. En ella señalaron que su adhesión consolida a la Gran Consulta por Colombia como una de las coaliciones más amplias e importantes del ciclo electoral, con el objetivo de llegar a 2026 con una candidatura unificada y un programa común.
El documento fija los ejes que buscan articular el discurso del bloque: seguridad, salud, fortalecimiento institucional, reactivación económica y recuperación de la confianza ciudadana en el Estado. Más allá del listado programático, el énfasis está puesto en la idea de “un solo frente”, con el compromiso de que quienes no resulten ganadores acompañen activamente al candidato elegido.
MÁS CANDIDATOS EN LA MIRA
Mientras la coalición gana volumen, aún quedan fichas por definirse. El exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón ha sostenido contactos reservados con los precandidatos, según fuentes políticas, en línea con su interés previo de participar en una consulta de la derecha. Sin embargo, no se ha precisado si esas conversaciones desembocarán en una adhesión formal ni bajo qué condiciones.

Otro nombre clave es el del exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, quien estuvo entre los primeros en explorar la posibilidad de una consulta conjunta hace poco más de un mes. Su eventual ingreso sigue sobre la mesa y podría concretarse con el aval de partidos como Oxígeno y ADA, los mismos que han respaldado a Pinzón.
La definición de estos dos nombres no es menor. Su presencia ampliaría el abanico ideológico y territorial de la consulta, pero también introduciría nuevos equilibrios internos en una competencia que, a mayor número de aspirantes, exigirá reglas claras y una narrativa cohesionada.
En el trasfondo, la consulta interpartidista aparece como una respuesta a dos desafíos centrales de la derecha: evitar la dispersión de candidaturas en la primera vuelta y construir una alternativa que trascienda liderazgos individuales. El calendario aprieta y el margen de error es reducido.
Con la adhesión de Paloma Valencia, la centro-derecha da un paso decisivo hacia ese objetivo. Lo que ocurra en las próximas semanas terminará de definir si la Gran Consulta por Colombia logra convertirse en un verdadero punto de inflexión rumbo a 2026 o si la unidad vuelve a ser, como en el pasado, una promesa incompleta.
