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La infancia colombiana vive frente a una pantalla

Escrito por Redacción Acento | Nov 2, 2025 2:52:09 AM

 

 

La investigación también evidencia que el celular y la televisión son los dispositivos de mayor consumo para los menores.

 

El celular ha desplazó al televisor como el centro de la vida de millones de familias colombianas. Pero, más allá del entretenimiento, se ha convertido en un espejo de profundas desigualdades y de un desafío creciente para la educación, la convivencia y la salud mental de los niños, niñas y adolescentes del país. Esa es una de las principales conclusiones del ‘Estudio de Infancia y Medios Audiovisuales. Consumo, Mediación Parental y Apropiación 2024’, presentado por la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC).  

 

El informe, resultado de un trabajo de campo con enfoque cuantitativo en diversas regiones y estratos socioeconómicos, traza una radiografía detallada de cómo los menores de edad colombianos se relacionan con los contenidos audiovisuales y con los dispositivos que los transportan. En términos simples, revela una generación que crece conectada, pero no siempre acompañada.  

 

Según el estudio, el 86% de los hogares con niños y adolescentes tiene al menos dos televisores, y seis de cada diez menores (61%) poseen un celular propio. La proporción aumenta drásticamente con la edad, es decir, entre los adolescentes de 14 a 17 años, el 81% ya dispone de un teléfono personal, mientras que en los más pequeños (6 a 9 años) el porcentaje baja al 29%.  

 

La investigación también evidencia que el celular y la televisión son los dispositivos de mayor consumo para los menores. Los niños, niñas y adolescentes puede pasar hasta 8 y 9 horas diarias en el teléfono inteligente entre semana, frente a 6.1 horas delante del televisor. En los fines de semana, la cifra se mantiene apenas un poco más baja. En la práctica, los menores pasan más tiempo frente a una pantalla que en actividades presenciales de recreación o deporte.  

 

La psicóloga Viviana Quintero, experta en protección a la niñez en línea, indicó que las preocupaciones que tienen en los hogares colombianos están relacionados con el tiempo que pasan sus hijos frente a las pantallas.

Según datos de la línea Te Protejo, en Colombia a corte de 2024 se procesaron más de 40.000 reportes de material de explotación sexual de menores, de ese total el 80% correspondió a niñas entre los 4 y 13 años. No obstante, en lo corrido del presente año, el informe detalla que se han registrado 36.646 casos, que también están relacionados a flagelos como el ciberacoso, intimidación en entornos escolares y exposición a contenidos inapropiados.

Quintero advirtió que la principal causa de los riesgos a los que son expuestos los niños, es la entrega temprana de dispositivos electrónicos, del mismo modo, mencionó que las redes sociales están diseñadas para mayores de 13 años y a los 14 años es una edad prudente para obsequiar un dispositivo móvil a un menor.

“Un uso excesivo se da porque los niños no tuvieron la oportunidad de desarrollar bien sus habilidades de autorregulación y control, porque les entregamos los dispositivos de manera temprana”, dijo la especialista.

Más que un dato estadístico, el hallazgo representa un cambio estructural en las dinámicas familiares. El estudio muestra que el consumo de televisión sigue siendo una experiencia compartida en los primeros años, porque solo el 26% de los niños la ve de forma individual, pero a medida que crecen, la tendencia a la soledad digital aumenta. En la adolescencia, el uso individual del celular es dominante: el 64% lo emplea sin acompañamiento familiar.  

 

La mediación parental, es decir, la intervención o acompañamiento de los padres frente al consumo digital de sus hijos, se debilita con el tiempo. Aunque los adultos imponen restricciones o recompensas en el uso de los dispositivos (el 70% de los padres limita el acceso como castigo y el 40% lo usa como premio), este control se centra en el tiempo, no en los contenidos. 

 

En el terreno de los contenidos, el estudio revela que las películas y series dominan el consumo infantil y juvenil. Los niños entre 6 y 9 años dedican el 43% de su tiempo frente a la pantalla a ver películas, y los adolescentes combinan este hábito con las series (21%) y, en menor medida, con las telenovelas (8%). En cuanto a plataformas, YouTube y TikTok encabezan la lista de aplicaciones más utilizadas cuando los menores están solos, con 27% y 21% de preferencia respectivamente. Entre los adolescentes, el uso de TikTok se dispara hasta el 42%.  

 

Otro dato revelador es que el 40% de los menores ya tiene una cuenta en redes sociales, porcentaje que se eleva al 77% en el grupo de 14 a 17 años. En la práctica, esto significa que casi ocho de cada diez adolescentes en Colombia interactúan diariamente con contenidos y comunidades en línea, muchas veces sin mediación ni orientación adulta.  

 

Estas cifras, sin embargo, deben leerse más allá del alarmismo. Para la CRC, el reto no consiste en demonizar la tecnología, sino en construir un ecosistema audiovisual responsable y alfabetizado. El organismo subraya que la mediación parental no puede limitarse al control, sino que debe incluir la conversación, el acompañamiento y la formación crítica frente a los contenidos digitales. 

 

“La clave está en garantizar un consumo seguro, enriquecedor y emocionalmente saludable”, apunta el informe.  

 

El estudio también identifica un patrón cultural que trasciende la edad: los dispositivos se usan no solo para entretenerse, sino para recompensar o sancionar el comportamiento. Este hallazgo revela que el acceso a las pantallas funciona como una extensión de la autoridad familiar, donde el “tiempo de pantalla” se negocia como premio o castigo, pero rara vez como un espacio de aprendizaje.  

 

El estudio busca alimentar políticas públicas orientadas al bienestar digital, fortalecer la alfabetización mediática e incentivar la producción de contenidos seguros y de calidad.  

 

Más que un informe técnico, el documento se lee como un llamado de alerta. La infancia colombiana habita hoy un territorio híbrido —entre lo real y lo virtual— donde las pantallas son escuela, refugio y campo de juego. El reto, como señala la CRC, no es apagar las pantallas, sino aprender a mirarlas juntos.