La izquierda avanza con orden mientras la derecha se enreda en su laberinto político
Analistas políticos consultados por Acento coinciden en que la derecha no tiene mecanismos de coordinación ni estructuras partidarias funcionales.
La consulta del Pacto Histórico redefinió el tablero político de Colombia. La izquierda consolidó su capacidad organizativa y posicionó a Iván Cepeda como candidato presidencial, mientras la derecha y el centro siguen atrapados en la dispersión y sin mecanismos eficaces de coordinación para las elecciones de 2026.
Por primera vez en mucho tiempo, el bloque progresista logró mostrar disciplina electoral. Su votación superó los 2,7 millones de sufragios, un número que sorprendió incluso a los promotores del proceso y que evidenció un músculo político en crecimiento, capaz de sostener movilización y presencia territorial.
El analista político Yann Basset sostiene que el Pacto Histórico dio un paso clave hacia su institucionalización. Según explica a Acento, esta consulta no solo visibilizó a Iván Cepeda, sino que le otorgó legitimidad como opción presidencial. “Mientras los demás apenas buscan candidatos, la izquierda ya tiene uno y con respaldo real”.
De acuerdo con el experto, Cepeda debe ahora mantener el impulso sin agotarlo antes de marzo, cuando se celebren las interpartidistas. Su reto es resistir el fuego cruzado de la oposición y construir un discurso propio que combine la defensa del legado de Gustavo Petro con una agenda autónoma.
Esa distancia medida entre el candidato y el presidente será clave. “Cepeda no puede romper con Petro, que conserva entre el 35% y el 40% de apoyo, pero tampoco puede aparecer como su títere. Necesita equilibrio entre continuidad y diferenciación”, agrega Basset, y advierte que la Constituyente será su principal punto de tensión.
El tema divide a la coalición: mientras Petro la defiende como instrumento de transformación, Cepeda ha sido más prudente. “Ese debate puede marcar la frontera entre el liderazgo moral del presidente y la viabilidad electoral de su heredero político”, explica el analista.
“Mientras los demás apenas buscan candidatos, la izquierda ya tiene uno y con respaldo real”. Yann Basset, analista político.
MOMENTO DE MADUREZ
Andrés Dávila, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, considera que la izquierda vive un momento de madurez. “Por fin entendieron que hay que conseguir votos, y los están consiguiendo. La izquierda se está tomando en serio la competencia electoral”, afirma a Acento.
El académico señala que la consulta revitalizó un mecanismo que parecía agotado. “Las consultas partidistas estaban en crisis. Este proceso demostró que pueden tener peso real. El votante respondió con entusiasmo, y eso obliga a los demás partidos a repensar su estrategia”, destaca.
Ambos coinciden en que la figura de Iván Cepeda emerge como símbolo de esa reorganización. “Es un actor presidencial visible, incluso más allá de lo que él esperaba”, señala Dávila. Su papel en el caso Uribe, añade, “le dio reconocimiento tanto entre sus seguidores como entre sus opositores, lo que ahora se traduce en capital electoral”.
La consulta también dejó otras revelaciones. Carolina Corcho, exministra de Salud, logró casi 700.000 votos y, para Dávila, se consolida como una figura política de primera línea, con un papel similar al que tuvo Francia Márquez en 2022, pero en un escenario mucho más incierto.
El mismo experto destaca que la izquierda está experimentando un relevo generacional y comunicativo. Predice que el próximo Congreso estará lleno de influencers políticos. “La política se vuelve más directa y emocional, pero también más volátil. Las redes están cambiando la forma de construir liderazgo”.
Mientras tanto, la derecha enfrenta su propio laberinto. “Si no se ‘despetrifica’, está jodida”, sentencia Dávila. “Siguen cometiendo los mismos tres errores: alegar fraude, refugiarse en el voto en blanco y dividirse por ego. No tienen liderazgo sólido ni incentivos reales para unirse”.
Basset coincide en el diagnóstico, aunque destaca el problema estructural. “En la derecha no existen mecanismos de coordinación ni estructuras partidarias funcionales. Todos dicen que hay que unirse, pero cuando se sientan a negociar, todos quieren ser la vedette”.
EXCESO DE INDIVIDUALISMO
La fragmentación también afecta al centro político. Figuras como Claudia López y Sergio Fajardo no tienen espacio, según Dávila El exceso de individualismo, sumado al desgaste de sus narrativas, los ha dejado sin conexión con las bases. “Claudia López se va a quemar y Sergio Fajardo juega solo; así no gana”.
Ambos analistas anticipan que el Congreso que se elegirá en 2026 será más fragmentado y competitivo que el actual. “El Polo difícilmente pasará de 13 senadores y ningún partido superará los 15 o 16. Estamos ante un sistema que se atomiza y dificulta la gobernabilidad”, vaticina Dávila.
Sin embargo, el panorama general no está definido. “La consulta de octubre fue apenas la primera batalla de una contienda que tendrá cuatro tiempos: esta votación, las interpartidistas de marzo y las dos vueltas presidenciales de mayo y junio”, explica Basset.
“No hay favoritos ni en la izquierda ni en la derecha. Solo hacia mayo, cuando se definan los bloques y candidaturas, podremos hablar de verdaderas opciones. Hasta entonces, todo está en disputa”.
Basset y Dávila coinciden en que el país está entrando en una nueva fase política. La movilización del Pacto Histórico, el ascenso de figuras femeninas y digitales, y la incapacidad de la derecha para renovarse revelan un reacomodo más profundo.
“Estamos viendo el nacimiento de una nueva cultura política. Una donde los partidos ya no mandan solos, las redes influyen tanto como las plazas y las emociones pesan más que las ideologías. En ese contexto, quien sepa conectar con la gente, gana”, afirma Dávila.
