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ECONOMÍA

La meta de pobreza energética de un dígito para 2030 es alcanzable

Redacción Acento
Redacción Acento

Colombia navega con rumbo correcto, pero aún requiere motores más potentes para lograr una reducción sostenida.

 

La tercera edición del Índice Multidimensional de Pobreza Energética (IMPE), elaborado por Promigas y Fundación Promigas con el apoyo técnico de la firma Inclusión SAS, revela progresos relevantes en reducción de privaciones energéticas, pero el país mantiene un ritmo insuficiente para cumplir la meta fijada para 2030.

El estudio indica que la pobreza energética pasó del 16,1% en 2023 al 15,4% en 2024, lo que representa que más de 300.000 colombianos superaron esta condición en un año. Sin embargo, uno de cada seis habitantes aún vive con restricciones para realizar actividades esenciales mediadas por uso de energía.

En cifras absolutas, el número de personas en esta condición disminuyó de 8,4 millones en 2023 a 8,1 millones en 2024. De mantenerse la tendencia de reducción de cerca de 300.000 personas por año, Colombia tardaría hasta 2034 en alcanzar un dígito, cinco años después del plazo propuesto.

Las brechas territoriales muestran un panorama desigual. Mientras Bogotá registra solo 1,4% de pobreza energética, y departamentos como Quindío (2,9%), Valle del Cauca (3,5%) y Risaralda (4,6 %) presentan avances significativos, regiones como Córdoba (45%), Chocó (52,8%), La Guajira (63,1%) y Vaupés (86,5%) mantienen niveles críticos.

Juan Manuel Rojas, presidente de Promigas, afirmó que “el IMPE es más que una métrica: es una hoja de ruta para transformar vidas y cerrar brechas históricas; es una carta de navegación para los gobernantes”. Destacó que alcanzar un dígito en 2030 es viable con acciones articuladas y políticas públicas sostenidas.

ACELERAR EL CUMPLIMIENTO

El informe propone cuatro medidas clave para acelerar el cumplimiento de la meta: mejorar la calidad del servicio eléctrico en zonas deterioradas, avanzar en el Plan Nacional de Sustitución de Leña, ampliar dotación de electrodomésticos y dispositivos digitales en hogares, y asegurar acceso energético en todos los colegios.

La hoja de ruta plantea reducir la pobreza energética del 15,4% en 2024 al 9,5% en 2030, lo que supondría disminuir el número de personas afectadas de 8,11 millones a 5,17 millones. En paralelo, se busca reducir la intensidad de las privaciones del 46,7% al 43,2%, mejorando condiciones de vida.

En términos de ritmo, Colombia debería aumentar la velocidad de reducción anual de 0,75 puntos porcentuales a por lo menos un punto durante los próximos seis años, con lo cual se lograría que cerca de 490.000 personas salgan cada año de la pobreza energética, cifra superior a la actual.

MEJORAS EN ACCESO

Entre los avances más destacados, el estudio evidencia mejoras en acceso a electrodomésticos, conectividad y tecnología. Entre 2022 y 2024, la privación ligada a lavadora disminuyó en 4,8 puntos porcentuales, mientras la de nevera cayó 2,4 puntos, con mayor avance durante el último año.

El acceso a internet, computador y smartphone también contribuyó al progreso, impulsando oportunidades educativas y laborales. Adicionalmente, la privación asociada al confort térmico bajó de 22,9% a 20%, reflejando mejoras en habitabilidad y adaptación climática en los hogares.

No obstante, el informe advierte que los avances tecnológicos y de conexión no serán suficientes si no se consolidan mejoras estructurales en acceso y calidad energética. El ritmo actual, aunque positivo, sigue siendo moderado frente a los desafíos persistentes en zonas rurales y apartadas.

“El desarrollo no admite atajos”, expresó Rojas, quien enfatizó la necesidad de políticas públicas de largo plazo y trabajo conjunto entre sector público, privado y comunidades para alcanzar una transformación sostenible. Insistió en que incluso logrando la meta, cerca de 5,1 millones de personas seguirán afectadas.

Tras tres años de medición continua, el IMPE se posiciona como una herramienta estratégica que no solo evalúa resultados, sino que orienta decisiones y coordina esfuerzos. Según sus autores, Colombia navega con rumbo correcto, pero aún requiere motores más potentes para lograr una reducción sostenida.

El estudio concluye que Colombia cuenta con una brújula más precisa para la acción y que la articulación territorial será determinante. La meta de pobreza energética de un dígito para 2030 es alcanzable, siempre que se acelere el ritmo y se prioricen intervenciones en los territorios más rezagados.

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