Foro Penal advierte que aún permanecen más de 700 presos políticos en el país, entre ellos 173 militares y 99 mujeres.
“Justicia, justicia y libertad. Todos son inocentes, ninguno es delincuente”. La consigna se repite como un mantra en las afueras de los centros de detención venezolanos. No es una protesta espontánea ni una movilización coyuntural: es una vigilia sostenida, casi permanente, protagonizada por las familias de los presos políticos que, desde hace semanas, esperan noticias concretas sobre las excarcelaciones anunciadas por el Gobierno.
Carpas improvisadas, velatones, oraciones colectivas y declaraciones ante los medios se han convertido en la rutina diaria frente al Helicoide, Rodeo I y la Zona 7 de Catia. Allí se concentra una esperanza frágil, marcada por la ambigüedad oficial y la falta de información verificable. Para estos familiares, la libertad parece más cercana que meses atrás, pero la incertidumbre sigue siendo el eje dominante.
El 8 de enero, el Gobierno venezolano, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, inició un proceso de excarcelaciones de presos venezolanos y extranjeros. Desde entonces, la presencia de familiares en los alrededores de los centros penitenciarios se intensificó, no solo para acompañar simbólicamente a los detenidos, sino para exigir claridad y transparencia en un proceso gestionado por el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello.
Las cifras oficiales, sin embargo, no terminan de despejar las dudas. El Ejecutivo asegura que desde diciembre de 2025 se han producido alrededor de 400 liberaciones. La ONG Foro Penal, principal referencia independiente en el seguimiento de estos casos, reporta una cifra considerablemente menor: 143 excarcelaciones entre el 8 y el 18 de enero. La brecha numérica alimenta la desconfianza y refuerza la percepción de opacidad.
Además, Foro Penal advierte que aún permanecen más de 700 presos políticos en el país, entre ellos 173 militares y 99 mujeres. Muchas de las liberaciones, subraya la organización, son condicionadas y no implican el cierre definitivo de los procesos judiciales, lo que deja a los excarcelados en una situación de vulnerabilidad permanente frente a posibles nuevas detenciones.
“Se está haciendo justicia, pero no de manera plena”, resume Nancy Peñaloza, familiar de un detenido, desde las afueras del Helicoide. Su reclamo apunta a dos exigencias centrales: la liberación inmediata y total de todos los presos políticos y la publicación de una lista oficial que detalle quiénes han sido realmente excarcelados. “No sabemos quiénes son esas 406 personas”, insiste.
La dimensión humana del conflicto se expresa con crudeza en los relatos de los familiares. Las fiestas decembrinas pasaron entre “sillas vacías y camas vacías”, sin llamadas, sin visitas, sin posibilidad de entregar medicamentos o alimentos. En muchos casos, ni siquiera existe fe de vida. Kenny Daza asegura que desde agosto no sabe nada de su hermano, trasladado presuntamente al Fuerte Guaicapuro. Cinco meses después, la incertidumbre persiste: no hay llamadas, no hay confirmaciones, no hay respuestas oficiales.
Para otros, como Jessika Castro, la esperanza se reduce a un gesto mínimo: una llamada telefónica. Esa llamada tiene un doble significado: confirmar que el detenido sigue con vida y, eventualmente, anunciar que la libertad ha llegado. Por eso, las vigilias continúan. “Esto no quiere decir que vamos a dejar de venir”, afirma.
Foro Penal ha calificado la lentitud y la falta de información como una forma de “tortura psicológica” para las familias. A ello se suma la denuncia de nuevos arrestos arbitrarios que aún no han sido contabilizados, lo que refuerza la sensación de un proceso incompleto y reversible.
Más allá de las cifras, las vigilias revelan una tensión de fondo: el contraste entre los anuncios políticos y la experiencia cotidiana de quienes esperan. En las aceras frente a las cárceles, la palabra “liberación” no se mide en comunicados ni en estadísticas, sino en días de espera, noches sin dormir y una consigna que se repite sin descanso: justicia y libertad.