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COMPETITIVIDAD

Manizales es el nuevo laboratorio urbano de América Latina

Redacción Acento
Redacción Acento

El Índice de Ciudades Modernas del DNP ubicó a esta ciudad por encima de Bogotá, Medellín y Cali, catalogándola como la mejor ciudad del país para vivir.

Manizales, históricamente reconocida por su vocación universitaria y su cultura cívica, atraviesa un momento determinante. En cuestión de semanas, recibió dos reconocimientos que reconfiguran su imagen en el escenario nacional y la proyectan como un referente regional, porque el Departamento Nacional de Planeación (DNP) la declaró la ciudad más moderna de Colombia, mientras que evaluaciones internacionales la catalogaron como la mejor ciudad para vivir en América Latina. 

Más que títulos honoríficos, estas distinciones abren un debate sobre el modelo urbano que la capital caldense ha construido y las lecciones que puede ofrecer al país.

El Índice de Ciudades Modernas (ICM) del DNP —que no premia la grandeza demográfica ni el peso económico— ubicó a Manizales por encima de Bogotá, Medellín y Cali. En el puntaje consolidado alcanzó 71,25, superando a Bogotá (70,73) y a Medellín (68,81). El informe midió seis dimensiones clave: gobernanza, productividad, seguridad, sostenibilidad ambiental, ciencia y tecnología, y equidad social.

En cuatro de ellas —gobernanza, ciencia y tecnología, seguridad y equidad social— Manizales ocupó el primer lugar nacional. Su desempeño en innovación fue particularmente sobresaliente: 93,7 puntos en el índice de Ciencia, Tecnología e Innovación, la cifra más alta entre todas las capitales del país. En seguridad obtuvo 70,6 puntos, duplicando a ciudades como Cali. En equidad, logró 72,6, y en sostenibilidad ambiental alcanzó 64,6, un equilibrio que evidencia un modelo que integra desarrollo económico y bienestar social.

Este liderazgo, destacan los analistas, no es producto de una intervención aislada. Es la consecuencia de una gestión pública que ha logrado combinar continuidad institucional, disciplina fiscal y una visión de largo plazo. 

La planeación urbana, el fortalecimiento educativo, los sistemas de monitoreo ambiental y las inversiones en movilidad sostenible han permitido que la ciudad crezca sin sacrificar calidad de vida.

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La mejor ciudad para vivir en América Latina

El reconocimiento internacional como la “mejor ciudad para la vida” en la región amplía aún más la perspectiva. La evaluación consideró seguridad, movilidad, conectividad, estabilidad económica, aprendizajes educativos, cultura ciudadana, sostenibilidad ambiental y oferta de esparcimiento. Que una ciudad colombiana —y además intermedia— encabece este listado desafía la idea tradicional de que solo las grandes metrópolis pueden liderar en calidad de vida.

Manizales parece haber capitalizado algo que muchas urbes latinoamericanas han perdido: la escala humana. Su tamaño compacto facilita la movilidad, la cohesión comunitaria y la capacidad de respuesta institucional. A diferencia de ciudades que padecen expansión desordenada, déficit de servicios o deterioro social, Manizales orientó su crecimiento hacia prioridades claras, logrando un desarrollo urbano controlado y sostenible.

Las claves del modelo caldense

Existen tres factores explican este ascenso: el primero, tener un ecosistema de innovación en expansión, es decir, la consolidación de un entramado académico y tecnológico convirtió a Manizales en un polo de investigación, emprendimiento y sofisticación productiva. La ciudad es uno de los mayores viveros de talento del país. El segundo, poseer una estructura urbana manejable, lo que se traduce en que no ser una megaciudad, se ha transformado en ventaja. La planificación territorial ha evitado la dispersión urbana y ha protegido su identidad comunitaria. Y tercero, posee una gobernanza con continuidad, esto quiere decir que en Manizales, los cambios de gobierno no han implicado rupturas abruptas, y los proyectos estratégicos —movilidad sostenible, gestión del riesgo, digitalización, sostenibilidad ambiental— han logrado mantenerse en el tiempo.

Un mensaje para el país

Los expertos afirman que el caso manizaleño es un recordatorio de que las ciudades intermedias pueden liderar transformaciones profundas. Mientras las metrópolis enfrentan tensiones políticas más complejas y demandas sociales más difíciles de gestionar, urbes como Manizales demuestran que es posible avanzar con planificación, sostenibilidad y decisiones coherentes.

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El secretario de Planeación, José Fernando Olarte Osorio, lo resume así: “Esto refleja nuestros avances en gestión del riesgo, cierre de brechas sociales, educación, competitividad y ordenamiento territorial. Manizales sigue siendo el mejor lugar para vivir en Colombia y Latinoamérica”.

Un antes y un después

Con estos reconocimientos, Manizales deja de ser solo un ícono académico o cultural para convertirse en un laboratorio urbano donde convergen modernidad, bienestar y gobernanza. Su geografía desafiante, tradicionalmente vista como limitante, hoy se interpreta como símbolo de resiliencia y planificación inteligente.

La ciudad no solo alcanzó un logro estadístico: construyó una narrativa. Una que muestra que es posible avanzar hacia la modernidad sin perder identidad, que el desarrollo puede ser sostenible y que el bienestar urbano no es un privilegio de las grandes capitales. En un país que necesita modelos replicables, Manizales emerge como un mapa del futuro posible.



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