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MUNDO

Rusia y Venezuela refuerzan su alianza estratégica ante cerco de Estados Unidos

Redacción Acento
Redacción Acento

Maduro solicitó ayuda a Rusia, China e Irán. El régimen envió una carta pidiendo apoyo logístico, frente a cualquier amenaza de EE.UU.

La tensión en el Caribe vuelve a encenderse. En medio del despliegue militar de Estados Unidos frente a las costas venezolanas, el presidente Nicolás Maduro envió una carta a su homólogo ruso, Vladimir Putin, solicitando ‘apoyo logístico’ para enfrentar lo que denomina una amenaza directa contra la soberanía venezolana.

El documento, revelado por The Washington Post, expone la creciente dependencia del régimen chavista de sus aliados estratégicos: Rusia, China e Irán.

Según el medio estadounidense, la carta fue entregada al Kremlin a través de un asesor de alto nivel del chavismo. En ella, Maduro pide la adquisición de ‘14 conjuntos’ de equipos militares, que fuentes militares interpretan como misiles, además de la reparación de aeronaves rusas Sukhoi Su-30MK2 —el principal componente disuasorio de la Fuerza Aérea venezolana— y de cinco radares de fabricación rusa. También solicita un plan de financiación a tres años mediante Rostec, el conglomerado estatal ruso de defensa.

Las gestiones, sin embargo, no se limitan al Kremlin. En paralelo, el régimen venezolano ha buscado apoyo de Pekín y Teherán. A China, le pidió acelerar la entrega de sistemas de detección por radar y “expandir la cooperación militar”. A Irán, le encomendó el envío de drones y equipos de interferencia de GPS, a través del ministro de Transporte, Ramón Celestino Velásquez.

Estos movimientos confirman que Caracas no actúa en solitario. En un escenario donde Estados Unidos endurece su presencia militar, Venezuela busca reforzar un eje de alianzas con estas potencias.

Rusia reafirma su respaldo

La respuesta del Kremlin no tardó en llegar. María Zajárova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, confirmó que Moscú “respaldará a Venezuela en la defensa de su soberanía” y responderá ante “amenazas existentes y potenciales”. Sus palabras, más allá de la diplomacia, constituyen un mensaje directo a Washington: el Caribe ya no es terreno exclusivo de influencia estadounidense.

Aunque la alianza entre Rusia y Venezuela se remonta a la era de Hugo Chávez, el contexto actual es distinto. El Kremlin enfrenta su propia guerra en Ucrania y un pulso geopolítico con la OTAN, lo que limita su margen de acción. Sin embargo, su pronunciamiento busca proyectar poder y reafirmar su papel como contrapeso global.

El portavoz presidencial Dmitri Peskov insistió en que “todo lo que ocurra en torno a Venezuela debe ajustarse al derecho internacional”, reforzando la narrativa de que Moscú actúa en defensa de la soberanía y no de intereses expansionistas. 

La llegada reciente a Caracas de un avión de transporte militar ruso Ilyushin Il-76, vinculado al ejército y a antiguos contratistas del grupo Wagner, refuerza las sospechas de una cooperación logística más profunda. Aunque Moscú evita confirmarlo oficialmente, analistas consideran que se trata de un gesto calculado para medir la reacción estadounidense.

Maduro, por su parte, ha intensificado su retórica. En declaraciones recientes, acusó a Estados Unidos de emprender una “guerra multiforme” para derrocarlo y apoderarse de los recursos naturales del país. “Nuestro pueblo está siendo víctima de una agresión armada para imponer un cambio de régimen”, dijo, asegurando que el 94% de los venezolanos rechaza la amenaza militar estadounidense.

El discurso busca cohesionar apoyo interno y justificar los movimientos militares recientes. Las Fuerzas Armadas venezolanas han incrementado sus ejercicios en zonas costeras, exhibiendo maniobras y armamento ruso. Para Caracas, estos gestos son una forma de mostrar capacidad de respuesta y mantener la narrativa de “resistencia antiimperialista”.

Washington, en cambio, sostiene que su despliegue naval en el Caribe responde a una estrategia antidrogas. Sin embargo, las acusaciones contra Maduro y varios de sus altos mandos —señalados de liderar el llamado Cartel de los Soles— dotan de un trasfondo político a las operaciones. 

 

Trump niega que atacará 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negó que el Ejército esté preparando ataques contra objetivos militares en Venezuela, desmintiendo informaciones del Wall Street Journal y el Miami Herald. 

La secretaria adjunta de prensa de la Casa Blanca, Anna Kelly, también rechazó los reportes y recordó que solo el presidente puede anunciar decisiones de tal magnitud.

La supuesta operación formaría parte de una estrategia más agresiva de Trump para frenar el narcotráfico y presionar la salida de Nicolás Maduro, considerado ilegítimo por Washington.

Recientemente, el Gobierno estadounidense desplegó un grupo de ataque naval encabezado por el portaaviones Gerald R. Ford en Latinoamérica, dentro de sus operaciones de seguridad fronteriza, y Trump confirmó haber autorizado misiones encubiertas de la CIA en Venezuela.

El respaldo ruso, aunque principalmente simbólico, forma parte de un reacomodo global de fuerzas. China, Irán, Bielorrusia y Cuba han manifestado su apoyo a Caracas, consolidando un frente multipolar frente a la hegemonía estadounidense. Este alineamiento no solo refuerza la narrativa del sur global, sino que introduce nuevos actores en el escenario geoestratégico latinoamericano.

Para Rusia, el caso venezolano representa una oportunidad para desafiar a Washington en su propio hemisferio. Para Maduro, es un escudo frente al aislamiento internacional.

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