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OPINIÓN

Trump no fue amable con María Corina y tensó la narrativa de la transición venezolana

Redacción Acento
Redacción Acento
 
Las declaraciones de Donald Trump, en las que cuestiona abiertamente el liderazgo de María Corina Machado para encabezar una transición democrática en Venezuela, produjeron un efecto inmediato y contrario al esperado: una reacción en cadena de respaldo político, moral y simbólico desde distintos países de la región y del mundo.
 
Mientras Trump sugería que Machado “no cuenta con el respaldo suficiente” y abría la puerta a escenarios alternativos de transición —incluidos interlocutores provenientes del actual régimen—, la líder opositora venezolana publicaba un mensaje contundente dirigido a los ciudadanos, en el que ratificó que el mandato popular expresado en las urnas debe traducirse en una transición democrática liderada por civiles, con legitimidad y sin tutelas externas.
 
La tensión no es menor. En el fondo, lo que está en juego no es solo el futuro de una dirigente, sino quién define la salida del régimen chavista: los venezolanos a través de su liderazgo político, o una arquitectura internacional diseñada desde Washington.
 
Respaldo regional: el mensaje que cruza fronteras
 

En América Latina, varias voces de alto perfil reaccionaron con rapidez. Desde Ecuador, el presidente Daniel Noboa fue explícito al afirmar que “a los criminales narcochavistas les llega su hora”, en alusión directa a la captura de Nicolás Maduro y al debilitamiento progresivo del entramado regional del chavismo. Noboa fue más allá y envió un mensaje político inequívoco: “Edmundo y María Corina tienen en Ecuador un aliado”, alineando a su gobierno con una transición democrática liderada por la oposición venezolana. 

En Colombia, el debate fue inmediato 
 

La senadora y candidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia, sostuvo que Venezuela “necesita una transición rápida a la democracia que garantice el bienestar del pueblo y su libertad”, una afirmación que, en el contexto actual, se lee como un respaldo implícito a una conducción opositora nítida, sin concesiones ni ambigüedades frente al chavismo que intenta reciclarse en la etapa posterior a Maduro.

Más directa fue la reacción desde el periodismo y la opinión pública. El periodista Jorge Cura Amar, con amplia trayectoria en la cobertura de conflictos internacionales y una de las voces de mayor audiencia en el Caribe colombiano, cuestionó con dureza el trato de Trump hacia Machado y lanzó una advertencia que comienza a instalarse en distintos círculos de análisis: el riesgo de que Venezuela termine siendo gestionada bajo una lógica geopolítica y extractiva, desprovista de un proyecto democrático claro, repitiendo el guion de Irak.

El factor Delcy y la alarma opositora
 
A la polémica se sumaron las alertas lanzadas por Germania Rodríguez Poleo, quien denunció una campaña internacional para presentar a Delcy Rodríguez como una figura “moderada” capaz de liderar una transición. Su mensaje fue claro: una transición encabezada por figuras del régimen no es transición, es reciclaje de poder.
 
Este punto es clave para entender la reacción de la oposición venezolana y de buena parte de la diáspora: las declaraciones de Trump no solo desautorizan a Machado, sino que reabren el temor a una salida sin justicia, sin ruptura real y sin garantías democráticas.
 
Una figura legítima
 
María Corina Machado se ha convertido, paradójicamente, en una figura incómoda para algunos actores internacionales precisamente por lo que representa: liderazgo civil, mandato electoral, discurso frontal contra el régimen y rechazo a soluciones cosméticas. Su exclusión del libreto de transición no elimina su peso político; por el contrario, lo vuelve más visible.
 
Lo que muestran estas horas es que, mientras Trump intenta redibujar el tablero desde la lógica del poder duro, la legitimidad democrática sigue encontrando eco en líderes regionales, opinión pública y sectores que no están dispuestos a aceptar una transición sin ciudadanos ni voto.
 
El desenlace aún es incierto. Pero una cosa quedó clara: María Corina Machado y Edmundo González no están solos, y cualquier salida que ignore ese hecho nacerá débil, cuestionada y bajo sospecha.
 
 

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